Vallès Occidental Sud

Un gobierno de progreso para Catalunya

  • Artículo de Francisco Aranda.
  • Actualitzat:
  • Creat:

Artículo de Francisco Aranda, Diputado en el Congreso, Portavoz de Justicia del Grupo Parlamentario Socialista y Secretario de Organización del PSC Vallès Occidental Sud, publicado en "el Obrero".

En las elecciones catalanas del año 2003, cuando el PSC, de la mano de Pasqual Maragall de candidato, ponía fin a 23 años de gobiernos de derechas en Catalunya, los partidos de izquierdas obtuvieron 74 escaños en la Cámara.

El PSC fue el primer partido de la izquierda, seguido de ERC y en tercer lugar por ICV. En aquel momento histórico las izquierdas entendieron el alcance de lo conseguido y nadie dudó de la necesidad de llegar a un acuerdo de gobierno.

En las pasadas elecciones del 14 de febrero las tres fuerzas de la izquierda no antisistema vuelven a sumar 74 diputados en el Parlament, siendo el PSC también primera fuerza (en votos), seguido de ERC con quien empata en escaños, y siendo terceros En Comú Podem (heredera parlamentaria de la antigua ICV)

.¿Qué hace que ERC y En Comú Podem, en este 2021, no sólo no cuenten con el PSC como ganador de las elecciones, sino que dan muestras de rechazo a esta victoria? En este breve artículo intento reflexionar sobre ello.

En primer lugar hay que hablar de la inercia de ERC de dejarse arrastrar por la derecha nacionalista desde el año 2010, anteponiendo un ideario nacional a un proyecto progresista.

ERC, en el “procés”, es la muleta necesaria sobre la que los sucesivos nombres con los que se ha ido transformando la derecha nacionalista, se ha mantenido en el poder.

Llegados a este punto, donde ciertamente y por primera vez, el liderazgo parlamentario del independentismo lo tiene ERC y no Junts, se comprueba que la batuta la siguen llevando los posconvergentes.

Además, este liderazgo parlamentario de ERC dentro del independentismo llega en el momento donde éste es más reducido. De hecho, el independentismo parlamentario tiene 1’36 millones de votos (contando los que se han quedado fuera podríamos sumar 1’45 millones votos), lejos, muy lejos en todo caso de los 2’1 millones de votos con los que en el 2017 obtuvieron representación parlamentaria los partidos con programa independentista. En tres años los partidos que han gobernado en coalición se han dejado por el camino más de 600.000 votos, mientras el PSC se ha situado primero. Lo digo por aquello de querer interpretar de verdad lo que ha pasado.

Así, en el momento más bajo del independentismo (el CEO, la encuesta de la Generalitat, ofrece los datos más bajos de apoyo a la independencia de los últimos 10 años), las llamadas a la polarización y el extremismo de ciertos sectores está atrapando a ERC, la cual ejerce la presidencia interina de la Generalitat sin dar signos de saber muy bien qué hacer con la misma.

Con las calles de Barcelona objeto de vandalismo, el partido que actualmente ostenta la presidencia interina, a tenor por cómo afronta este problema, no parece muy dispuesto a trabajar por proteger a la ciudadanía, las calles y la actividad económica y comercial y a la policía. Con los datos definitivos de las elecciones pasadas, el independentismo con representación parlamentaria suma el 48’1 % mientras PSC, ERC y Comuns tienen el 51’2 % de representación parlamentaria. ¿Por qué, entonces, los Comuns ponen una alfombra roja al segundo partido del Parlament, que a su vez, sigue atrapado entre la derecha nacionalista y la izquierda antisistema?

Curiosa es la actitud de En Comú Podem, el cual, en un ejercicio de pirueta se dirige, no al primer partido de la cámara, ganador de las elecciones, el PSC, sino al segundo, ERC, para que sea éste quien intente un gobierno de izquierdas, cuando no sólo ha dejado claro que el PSC no es un socio para ellos sino que se avino a firmar un manifiesto infame en campaña para establecer un cordón sanitario parlamentario a la socialdemocracia catalana.

Ya sabemos que para ERC, en el procés, prima siempre lo nacional y los intereses de Junts sobre las políticas de progreso. Pero ¿qué empuja al tercer partido de la izquierda a otorgarle a ERC la primacía en este bloque? Realmente la respuesta a esta pregunta deberían responderlo ellos, pero es cuanto menos llamativo que, al menos por las formas, no se dirijan al primer partido para intentar conformar gobierno.

En este sentido, las declaraciones en campaña del candidato socialista, Salvador Illa, siempre fueron muy transparentes. Nuestra principal opción, en un mundo sin mayorías absolutas, es el pacto con En Comú Podem para llevar a cabo un gobierno de progreso. Y ciertamente, corresponde al ganador de las elecciones, al menos dentro del bloque de izquierdas, liderar las conversaciones para conformar un gobierno que ponga fin a la actual situación de bloqueo en la que se ha instalado Catalunya. El ejemplo del gobierno en España y los acuerdos y trabajos parlamentarios con la izquierda, que se traducen en nuevas y mejores políticas de progreso, son un buen espejo en el que mirarse.

Sólo se entiende lo contrario por el mantenimiento del mismo error que nos ha llevado hasta aquí. Un error cometido a lo largo de los últimos 10 años y que no es otro que el priorizar el eje nacional, donde unos se arrogan la catalanidad y la defensa identitaria de Catalunya, excluyendo a todo aquél que no encaje en su ideario identitario, frente al eje izquierda-derecha. La elección no es casual y responde a la compra del marco mental y político instalado en Catalunya desde que la Ciu de Artur Mas comenzara a tener problemas judiciales.

Que en este 2021 ésta haya desaparecido parlamentariamente, cuando otros agoreros del pasado auguraban la desaparición de un PSC líder electoral a día de hoy, no hace más que confirmar que la ciudadanía quiere pasar página a una década de políticas estériles e ineficaces dirigidas por los sucesivos últimos gobiernos de la Generalitat.

Es por ello que es el momento de un Govern que ponga “seny”, que devuelva a Catalunya la unidad, el prestigio y las políticas de progreso.

Ciertamente el electorado ha apostado ampliamente por vías de diálogo a un lado y a otro del espectro parlamentario, frente a las posturas más intransigentes. Dato a tener en cuenta.

Es hora de transitar más las vías del acuerdo y del diálogo. Es hora de alejar a los extremismos y converger en el encuentro entre todos los catalanes y catalanas.

Es hora, sobretodo, de ofrecer un proyecto de unidad, de progreso, de bienestar, y de conciliación. Un gobierno presidido por Salvador Illa.